More Website Templates @ TemplateMonster.com - Mrach 03, 2012!

Educacion/Integracion



nota2

  • Treinta alumnos y dos integrados… decires que se recortan en la intervención Dana Pilmayquén Ayelen Utrera

    La autora nos alerta acerca de las complicaciones en la construcción del vínculo educativo hoy. “Se instala en el ambiente escolar el Discurso de la Ciencia, despojando así a los niños de sus identidades y a los docentes de sus conocimientos. Las patologías se vuelven nombres y el rol docente se desvía de lo pedagógico a lo emocional. Ya no hay alumnos para educar, sino niños para tratar”. ¿Cómo pensar entonces el vínculo? ¿Cómo apostar al lazo con el docente sin un discurso pedagógico en que sostenerse?

    A diario escuchamos en las escuelas a colegas llenas de dudas frente a cómo posicionarse en el rol docente, cuando sus alumnos rompen con la categoría entendida como “normal”. Resuenan en sus voces miedos, incertidumbres, desconocimientos, angustias, y demás sensaciones que a veces se dificulta poner en palabras.

    Estas imágenes llevan a preguntarnos: ¿Debe variar el posicionamiento docente frente a la educación de un niño TES (Trastornos Emocionales Severos) ?, ¿Qué movimientos genera en los docentes el diagnóstico de un alumno?, ¿Hay un lugar para el docente dentro del dispositivo de inclusión?, y si lo hay ¿cuál es?...

    Para abrirle camino a posibles modos de abordar los interrogantes planteados haremos foco en: los modos de constitución del rol docente, que se sustentan en los actuales lineamientos educativos y los movimientos que pueden generar o no el ingreso de “Niños Diagnóstico” a las aulas.

    El objetivo de este trabajo no es dar respuestas acabadas, sino acercar una orientación teórica desde donde poder reflexionar sobre las prácticas cotidianas, mediante indagaciones que permitan pensar modos posibles de construcción del vínculo educativo en el trabajo con alumnos TES.

    La construcción del rol docente. ¿Posicionamiento subjetivo o lineamientos educativos?

    A lo largo de la historia se ha ubicado al docente en diferentes posiciones, y por lo tanto se le han adjudicado diferentes funciones. Si analizáramos los objetivos propuestos por la Ley Nacional de Educación, Nº 26.206, para la educación primaria, podríamos visualizar la gran responsabilidad impuesta sobre el docente; ya que no sólo se hace hincapié sobre lo pedagógico, sino que se avanza sobre condiciones actitudinales y subjetivas de los niños. Por ejemplo, cito aquí los puntos G y H del artículo 27, capítulo 3:

    “Fomentar el desarrollo de la creatividad y la expresión, el placer estético y la comprensión, conocimiento y valoración de las distintas manifestaciones del arte y la cultura. Brindar una formación ética que habilite para el ejercicio de una ciudadanía responsable y permita asumir los valores de libertad, paz, solidaridad, igualdad, respeto a la diversidad, justicia, responsabilidad y bien común.”.

    Así también podríamos observar que la palabra equidad, que sostiene el argumento de la Ley, genera una mayor presión sobre los profesionales de la educación; ya que deben garantizar que las oportunidades de aprendizaje sean equitativas para todos los niños y en todos los contextos. Frente a esta obligación, establecida en el documento antes mencionado, los docentes manifiestan encontrarse desprovistos de herramientas o estrategias para volver esto posible. Con el ingreso de las integraciones de la Escuela Especial a la Escuela Común se acentuó aún más la sensación de falta de recursos o formación de los docentes de la escuela receptora y, a su vez, se agudizaron las exigencias hacia los mismos como modo de dar una respuesta rápida a esto que, no se sabía bien por qué, pero desde ese momento era su responsabilidad. Este ingreso vino acompañado de las intervenciones del campo de la salud (psicopedagogos, psicólogos, fonoaudiólogos, médicos, etc…)

    De esta manera se instala en el ambiente escolar el Discurso de la Ciencia, despojando así a los niños de sus identidades y a los docentes de sus conocimientos. Las patologías se vuelven nombres y el rol docente se desvía de lo pedagógico a lo emocional. Ya no hay alumnos para educar, sino niños para tratar. A continuación, voy a relatar una pequeña viñeta que nos permite reflexionar sobre el peso de los diagnósticos en la labor docente.

    “Fabiana una docente de Escuela Primaria Común se reúne con la directora y el equipo de gabinete de la Institución para conversar sobre Matías, un alumno de su grado.

    La docente comenta las características de Matías y las estrategias que ella ha buscado para trabajar con el niño; obteniendo, en algunas ocasiones, buenos resultados y en otras no tanto. Frente a esto el equipo le manifiesta que tienen la respuesta al por qué de las conductas del alumno, ya que su familia comenzó a tratarlo con un psicólogo y un psicopedagogo, los cuales llevaron a cabo una evaluación que dio como resultado un diagnóstico. El niño presenta TGD.

    Frente a esto que plantea el equipo de gabinete Fabiana se desorienta y plantea que ella no sabe cómo trabajar con “eso”. Automáticamente solicita la intervención del equipo en el aula y la necesidad de una maestra integradora.” Aquí podemos ver con claridad el ingreso del Discurso Científico al ambiente escolar; ya que la docente se encuentra desorientada frente a cómo trabajar con este alumno, en el momento en que deja de ser “Matias” y para ser “Un niño con TGD”. El discurso de los profesionales la atraviesa subjetivamente y desarma profesionalmente a la maestra. Este avance del campo de la salud en la educación vació de sentido el trabajo del docente porque, como podemos ver, Fabiana ya había buscado estrategias para trabajar con su alumno. Estrategias que podían funcionarle o no, pero que le eran propias y tenían la carga de su deseo y de su conocimiento e implicancia para con ese niño. Al conocer el diagnóstico de Matías todo su trabajo parece desmoronarse y de pronto ese niño se le presenta como ajeno, como algo que no puede resolver por no estar capacitada.

    También podemos observar un dejo de tranquilidad en esta docente, al escuchar que ese nuevo alumno viene abrochado a un diagnóstico y con éste un acompañamiento especial. Es decir, pareciera ser que la responsabilidad no va a ser sólo de ella; sino también del equipo que acompaña. Las frases: “No sé qué hacer con este niño” o “No fui capacitada para este tipo de trabajo” descomprimen la responsabilidad y maquillan el fracaso, ya que “con ese niño no se puede trabajar”. Con respecto a esto Dubet expresa: “La psicologización de los conflictos escolares es una manera, para el maestro, de evitar un cuestionamiento personal insoportable”.

    El malestar presente en las Instituciones escolares y en sus actores está marcado por el implacable discurso científico que implantó en los docentes la idea de que la acción educativa en sí misma no puede producir efectos sobre estos niños, ya que hay que estar específicamente capacitado para ello. Antelo escribe sobre esto lo siguiente: “… el problema no consiste en que nuestra acción provoca menos efectos, el problema es que ya no hay más algo semejante a nuestra acción. El problema es que no hay más intervención. Si uno tiene que intervenir y antes de intervenir tiene que evaluar y estimar cuál va a ser la consecuencia exacta de la intervención, cómo y cuál va a ser la reacción del otro, entonces, no interviene”.

    Frente a este planteo sería interesante comenzar a pensar modos de volver a poner en funcionamiento la intervención docente en los ámbitos educativos que, como tal, viene anudada a la implicancia subjetiva; necesaria para la construcción de todo vínculo educativo. En palabras de Hebe Tizio: “esa forma particular del lazo social que se sostiene desde el campo escolar y que incluye lo pedagógico y lo emocional de manera imbricada”; es decir, no podemos pensar al docente o al alumno como agentes desligados del contexto socio-cultural, de sus intereses, deseos, miedos, sus particularidades, etc…

    Dentro de las Instituciones escolares este lazo al Otro debe estar mediado por los aprendizajes. Es solo por la vía del saber que la educación cumple una función civilizadora; lo cual para estos niños es fundamental, ya que les permite regular el goce y abrirle paso al sujeto. Si bien hay mucho para seguir pensado sobre como tomar posición frente al trabajo con alumnos TES, es necesario tener en cuenta que para que se pueda generar un lazo que permita la construcción del conocimiento, debemos, como docentes, sostenernos en nuestra función. Tomando las dificultades que se hagan presentes como algo que nos atraviese y que por lo tanto nos implique. En la construcción de este vínculo deben circular nuestros deseos e intereses, los cuales impactan sobre el otro, haciéndolo desear; provocando así la aparición de un sujeto.

    Para esto, debemos poder tolerar un cierto no saber, pero no sobre nuestra especialidad, ni sobre disciplinas del campo de la salud respecto de las cuales el docente no tiene una formación específica, sino un no saber sobre el sujeto. Sobre sus intereses, sobre la apropiación que hará del aprendizaje o sobre sus tiempos. De ésta manera apostaremos a la construcción de un vínculo educativo que habilite el singular del sujeto, pero como parte de un grupo. Nota: el material desarrollado, respeta la lógica del caso, pero porta las transformaciones necesarias para sostener la discrecionalidad y reserva correspondientes a cada abordaje clínico.

    Bibliografía
    Antelo, E. (2005). Notas sobre la (Incalculable) experiencia de educar. En Diker, G. y Frigerio, G (Eds.), Educar: ese acto político. Serie seminarios del CEM: Del Estante. Caram, G. (2011). “Vínculo Educativo. Función Docente, Discurso y Subjetividad. Aportes del Psicoanálisis”. III Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVIII Jornadas de Investigación Séptimo Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. Dubet, F y Martuccelli, D. (1998). La escuela, sociología de la experiencia escolar.España: Losada Kiel, L., (2002). La escuela: entre el ayer y el mañana. Novedades Educativas, (139). -------, (2010) Hacer lugar al sujeto: una orientación posible, Novedades Educativas, (234). Tizio, H. (Coordinadora), (2003), Reinventar el vínculo educativo: aportes de la pedagogía social y el psicoanálisis. Barcelona, España: Gedisa. Zelmanovich, P. (2013-2016), La Escuela y los profesionales del niño, Publicación del Seminario dictado en Flacso.

    Fuente: El Sigma.com – 9/07/2017